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El biofotón

El biofotón (del griego βιο, “vida”, y φωτο, “luz”) es un fotón de origen biológico que no resulta de una reacción enzimática específica.

El biofotón sería una quimioluminiscencia de origen biológico que se diferencia de la bioluminiscencia por la ausencia de mecanismo enzimático. Se distingue también por su muy débil intensidad luminosa (en inglés, ultra-weak spontaneous photon emission o, simplemente, ultra-weak photon emission).

biophoton

En los años 1920 el embriólogo ruso Alexander Gurwitsch observó una emisión “muy débil” de fotones ultravioletas producida por los tejidos vivos. Llamó a esta radiación “mitogenetic rays” (rayos mitogenéticos) al suponer que tenían un efecto estimulante en la división celular. Sin embargo, si bien el crecimiento celular puede estimularse mediante radiación con potencias superiores, el hecho de que estos resultados no fuesen reproducibles provocó un escepticismo general respecto a los trabajos de Gurwitsch.
En 1953 Irving Langmuir retoma las ideas de Gurwitsch.
Fritz-Albert Popp, en 2002, define el término “biofotón”, caracterizándolo por la intensidad de su emisión en la superficie de los tejidos vivos, luminosidad del orden de 10 a 1000 fotones por centímetro cuadrado y por segundo4.

Sobre la luz emitida por las células
La biofotónica es un campo de estudio bastante reciente y sujeto a un extraordinario crecimiento debido al elevado número de aplicaciones potenciales que ofrece.
Dicho de una forma sencilla, los biofotones, como su nombre indica, son fotones –partículas de luz- emitidas por un organismo vivo, suponiendo que sepamos definir qué es un organismo vivo.
La emisión de un biofotón surge de la ionización de una molécula. Este fenómeno se da aleatoriamente y la emisión de dichos fotones se debería al efecto túnel y a la distribución de la energía de las moléculas de la estadística de Maxwell.
En general, los estudios han demostrado que los biofotones se emiten en una banda de frecuencia que va de la ultravioleta a la infrarroja y abarca todo el espectro luminoso.
Los biofotones estarían en el origen de la comunicación celular, cuando menos, a la que contribuirían enormemente. De alguna forma, nuestras células se comunican entre ellas emitiendo biofotones. El ADN contenido en el núcleo de la célula también se comunica con el resto de la célula mediante la emisión de biofotones y permitiría la multiplicación celular.
La cantidad de biofotones es muy escasa, tanto que resultan invisibles para los ojos humanos. Se habla de sólo algunos fotones por centímetro cuadrado y minuto.
El estudio de los biofotones actualmente es controvertido, incluso muchos científicos lo consideran como una pseudociencia. Los biofotones están siendo estudiados cada vez más, tanto en biología como en neurología; no estamos más que en el principio de los descubrimientos.

Comunicación biofotónica: ¿pueden las células comunicarse mediante la luz?
El estudio de los biofotones, los fotones ópticos o ultravioletas emitidos por las células vivas, diferenciados de la bioluminiscencia convencional, es uno de los campos más curiosos de la biología actual.
La comunidad científica todavía no puede afirmar cómo las células producen biofotones. Últimamente pensamos que diferentes procesos moleculares pueden emitir fotones y que éstos son transportados hasta la superficie de las células por excitaciones energéticas. Un proceso similar es el que transporta la energía de los fotones a través de las proteínas durante la fotosíntesis.
Sea cual sea el mecanismo, un cada vez mayor número de biólogos está convencido de que cuando apagamos las luces las células permanecen inmersas en una pantalla biofotónica.
energy-field-francoise-nb-copierNormalmente los biofotones se producen a razón de decenas por segundo por cada centímetro cuadrado de cultivo celular: No son demasiados y por esto es por lo que resulta un tema controvertido la noción de que la actividad biofotónica es, en realidad, una forma de comunicación.
Actualmente, Sergey Mayburov, del Instituto Lebedev de Física en Moscú, incorpora evidencias adicionales al debate. Mayburov ha pasado muchas horas a oscuras para observar los huevos de los peces y registrar los patrones de los biofotones emitidos por estas células. Una búsqueda destinada a saber si el flujo de fotones posee una estructura discernible que la convertiría en medio o soporte de comunicación.
Según él, es así. Los flujos de biofotones están constituidos por ráfagas cuasiperiódicas que, según dice, son notablemente similares a las utilizadas para enviar informáticamente datos binarios.
Esto nos ayudaría a explicar cómo las células pueden detectar niveles tan débiles de radiación en un medio “ruidoso”. Si es verdad, esto podría llevar a los investigadores a explicar un cierto número de interesantes fenómenos que algunos biólogos atribuyen a la comunicación biofotónica.
En muchas experimentaciones, los biofotones de una planta en crecimiento parecen aumentar en un 30% los niveles de división celular en otras plantas. Es una tasa de crecimiento netamente superior a la que resulta posible con una luz ordinaria, y esto a diferentes escalas.
Otros experimentos de Mayburov han demostrado que los biofotones que provienen del crecimiento de los huevos pueden favorecer el crecimiento de otros huevos con una edad similar. Sin embargo, los biofotones provenientes de huevos maduros pueden entorpecer y perturbar el crecimiento de huevos más jóvenes, es un estadio diferente de desarrollo. En algunos casos, los biofotones emitidos por huevos más viejos parecen frenar completamente el crecimiento de los huevos inmaduros.
El trabajo de Mayburov no pondrá fin a la controversia, todo lo contrario, Hay todavía muchas cuestiones pendientes. Un gran problema es el comprender mejor el trabajo de los mecanismos celulares: cómo los mecanismos moleculares del interior de las células producen los fotones y cómo pueden ser condicionados por éstos.